DIARIO DIGITAL DESDE LA CIUDAD DE MÉXICO PARA
TODO EL PAÍS Y EL MUNDO
Ensoberbecido por sus grandes capacidades personales en la guerra y la
política, Porfirio Díaz empató su cumpleaños con la celebración nacional
de independencia. Una forma sublime de identificarse con la patria misma
cuya fiesta sería la suya, cuyo rostro sería el propio. Yo y México
somos lo mismo, por eso la noche del grito el enorme ¡viva, viva, viva!
de la chusma en las plazas es canto en mi honor y mi balcón y mi
bandera; mi arenga y mi campana.
Más o menos como abiertamente dijo tiempo después el megalómano Andrés
López: Ya no me pertenezco, le pertenezco al pueblo. Jesús dijo, yo soy
el que soy. Andrés, yo soy el pueblo. Humildito, sencillito.
La auto celebración --con su jamás reconocida dosis de hipócrita auto
engaño -- es quizá el acto culminante de los políticos, monarcas,
emperadores, faraones, zares, mandarines papas y tlatoanis a lo largo de
toda la historia, porque la “hybris”, el delirio excesivo del poder, la
desmesura, no tienen pasaporte; abarcan y contagian a todo aquel
investido de poder cuya conducta lo convierte no en la encarnación del
sueño, la compensación de todo complejo triste, el abandono de la
realidad en favor y fervor del oropel o el oro o los diamantes y los
armiños seductoras en la inacabable escalera de sentirse dios y mirar la
imagen de su augusta persona, de su alteza serenísima, de su excelencia,
de su ilustrísima.
Lo extraño de estos excesos es su vigencia. Cualquiera diría, son cosas
del pasado, propias de países atrasados. Pero no es así.
Los aniversarios ya sean de cumpleaños en el mundo o aniversarios en el
poder, llenan plazas, aunque la concurrencia --como sucede en el México
de hoy-- se nutra de burócratas forzados. Asistencia con pase de lista a
la puerta y advertencia de consecuencias indeseables en caso de ausencia
o rebeldía. El magro cheque (nadie por encima de salario), es otra forma
de tributo servil.
Protegido por la culta Francia cuyo desparecido esplendor napoleónico lo
subyugaba, Jean-Bédel Bokassa , “tras gobernar como presidente durante
casi once años, sorprendió al mundo al transformar la República
Centroafricana en una monarquía y proclamar el Imperio Centroafricano
(se sentía Iturbide), y autoproclamarse emperador Bokassa I.
“Su extravagante coronación tuvo lugar el 4 de diciembre de 1976. Fue un
espectáculo delirante, alucinante, de proporciones colosales, en abierta
emulación de la fastuosa de Napoleón Bonaparte, con un costo estimado en
decenas de millones de dólares aproximadamente 60), una suma exorbitante
para una de las naciones más pobres del mundo. Aunque oficialmente era
un imperio, la realidad es que el país siguió siendo una dictadura
militar de facto bajo su férreo control. Su diplomático internacional.
Siempre fue percibido como un grotesco y farsante dictador coronado con
diamantes y capas de armiño (SE)”.
Pero el ejemplo de Bokassa no se olvida.
En los Estados Unidos, país cuyo dominio planetario desde la segunda
mitad del siglo XX --especialmente acusado con el derrumbe del bloque
comunista-- nadie pone en duda hasta ahora, ha formado --por el
contraste dialéctico--, una sociedad políticamente inculta y permisiva
capaz de tolerar --y en algunos segmentos aplaudir--, el desmadrado
festejo de cumpleaños del octogenario Donald Trump, un vulgar Bokassa
blanco, cuyos mejores años (si alguna vez los tuvo), ya han pasado.
Trump convirtió la Casa Blanca, primero, en un congal de cortinajes
dorados. Ahora en una arena de gladiadores patrocinados por la “Ultímate
Fight Championship”. Cuatro mil personas dócilmente orgullosas por la
extravagante invitación acudieron a la fiesta en Washington cuyo símbolo
de fuerza ficha resulta fácil de entender: Trump, como dice el New York
Times en una magistral crónica de Katie Rogers, es un hombre rejego ante
el envejecimiento. Pero los años se le han acumulado y ahora, como le
pasaba a Joe Biden, se queda dormido hasta en el básquetbol arrullado
por el murmullo del abuchgeo en su contra.
Pero su arrogancia no merma. Al contrario, crece mientras el tiempo pasa
indiferente a su capricho. Las manos llenas de moretes con pequeños
derrames sanguíneos, la espalda encorvada, el oído duro, la tenacidad
convertida en manía de anciano terco y necio.
“…para un presidente conocido por imponer su propia realidad en cada
situación, Trump se enfrenta a un escrutinio sobre las consecuencias de
su edad que se ha intensificado con cada año que pasa. Una encuesta de
Reuters/Ipsos realizada en febrero reveló que casi seis de cada diez
estadounidenses piensan que Trump se está volviendo cada vez más
imprevisible.
“El lunes (8), Trump pareció dormitar durante un partido de los New York
Knicks en el Madison Square Garden. Ese episodio provocó tanta
especulación que James Dolan, un destacado aliado y propietario del
equipo, se vio obligado a intervenir de manera pública, y afirmó que el
presidente “estaba muy despierto”.
“El 4 de junio, durante una comparecencia de una hora en el Despacho
Oval, Trump se inclinó hacia un lado en su silla y cerró los ojos
durante unos segundos mientras Lee Zeldin, director de la Agencia de
Protección Ambiental, hablaba sobre la importancia del carbón...”
Pero la crónica de AP sobre los faraónicos excesos del cumpleaños, cima
de su excesiva autoestima y su enfermizo narcisismo resulta imperdible:
“…Trump llevaba semanas promocionando el acuerdo incipiente, y la
continuación del conflicto amenazaba con eclipsar el ostentoso
despliegue de artes marciales mixtas de la UFC, en el que los
combatientes, encerrados dentro de un octágono de malla metálica,
intentaban golpearse con puños y patadas, asestar tajos y aporrearse
hasta someter al rival.
“Sin embargo, antes de que comenzaran las peleas, el presidente dijo que
un acuerdo para poner fin al conflicto “ya está completo”. Declaró que
Estados Unidos pondrá fin a su bloqueo de Irán y que el estrecho de
Ormuz reabriría. Eso podría aliviar los altos precios del petróleo,
aunque aún falta negociar los detalles cruciales durante las próximas
semanas.
“Altos funcionarios del gobierno y líderes republicanos asistieron a las
peleas, incluidos el secretario de Estado, Marco Rubio; el director del
FBI, Kash Patel, y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike
Johnson. También se vio en la Casa Blanca al presidente de Polonia,
Karol Nawrocki.
Trump y el jefe de la UFC, Dana White, caminaron juntos desde el
Despacho Oval hasta el balcón del Salón Azul para observar el octágono,
y permanecieron de pie durante el himno nacional mientras aviones de
combate rugían por encima.
“Miles de espectadores abarrotaron el recinto temporal bajo “The Claw”
(“La Garra”), un arco metálico parecido a una nave espacial, equipado
con iluminación, equipo de sonido y pantallas gigantes. Miles más lo
vieron en pantallas grandes desde la cercana explanada del Ellipse.
“Este evento es un evento único, un evento increíble”, dijo Dana White,
jefe de la UFC y amigo cercano del presidente, durante una sesión de
promoción la noche del viernes en el Monumento a Lincoln, donde parejas
de luchadores se empujaron y forcejearon para las cámaras bajo la mirada
estoica de la figura de mármol del “Honesto Abe”.
“Antes de la pelea final del domingo, que llegó mucho después de la
medianoche, los pesos ligeros Ilia Topuria y Justin Gaethje —quien se
envolvió en una bandera estadounidense— salieron cada uno del Despacho
Oval y caminaron hacia el octágono, lo que significó que Trump incluso
cedió su espacio de trabajo como parte del espectáculo”.
La “oficina “Oral” de Clinton, convertida en vestuario del pancracio.
“Eso coronó una noche en la que muchos de los ganadores dieron las
gracias a Trump y a Dios. El peso pesado Josh Hokit fue más allá con un
ataque extraordinario, al añadir una teoría conspirativa infundada de la
derecha sobre una ex primera dama: “Michelle Obama es un hombre. ¿Tengo
razón, Estados Unidos? Hokit también se acercó a Trump y le colocó una
cadena alrededor del cuello”.
“El presidente ha intentado vincular el evento del domingo —que incluía
siete peleas que se extendieron más allá de la medianoche— con las
celebraciones más amplias, de varios meses, por el 250º aniversario de
la firma de la Declaración de Independencia.
“Pero estaba mucho más orientado a homenajearse a sí mismo, tanto que la
cumbre del G7 de líderes de naciones industrializadas retrasó su reunión
para que el presidente pudiera asistir a su fiesta de combates en jaula
y luego volar a Europa para los encuentros”.
Este exceso corre paralelo al de 2025: un desfile con más de 6 mil
soldados, con aviones y blindados por las calles, en homenaje de Trump a
Trump.
“El próximo 14 de junio –informó Telemundo hace un año-- se realizará en
Washington D.C. un desfile militar para conmemorar su 250 aniversario,
que además coincide con el cumpleaños número 79 del presidente Donald
Trump. El ejército estadunidense informó que los preparativos ya se
están realizando, y el evento tendrá un costo de entre $25 y $45
millones de dólares.
“La agencia The Associated Press informó desde el 2 de mayo, que Donald
Trump deseaba que se llevara a cabo un desfile militar, tras
conversaciones con el Pentágono, vieron que el aniversario del ejército
estaba a la par del onomástico del mandatario, e iniciaron los
preparativos”.