Martes 16 de Junio de 2026

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DIARIO DIGITAL DESDE LA CIUDAD DE MÉXICO PARA TODO EL PAÍS Y EL MUNDO



 

Ensoberbecido por sus grandes capacidades personales en la guerra y la política, Porfirio Díaz empató su cumpleaños con la celebración nacional de independencia. Una forma sublime de identificarse con la patria misma cuya fiesta sería la suya, cuyo rostro sería el propio. Yo y México somos lo mismo, por eso la noche del grito el enorme ¡viva, viva, viva! de la chusma en las plazas es canto en mi honor y mi balcón y mi bandera; mi arenga y mi campana.


Más o menos como abiertamente dijo tiempo después el megalómano Andrés López: Ya no me pertenezco, le pertenezco al pueblo. Jesús dijo, yo soy el que soy. Andrés, yo soy el pueblo. Humildito, sencillito.

La auto celebración --con su jamás reconocida dosis de hipócrita auto engaño -- es quizá el acto culminante de los políticos, monarcas, emperadores, faraones, zares, mandarines papas y tlatoanis a lo largo de toda la historia, porque la “hybris”, el delirio excesivo del poder, la desmesura, no tienen pasaporte; abarcan y contagian a todo aquel investido de poder cuya conducta lo convierte no en la encarnación del sueño, la compensación de todo complejo triste, el abandono de la realidad en favor y fervor del oropel o el oro o los diamantes y los armiños seductoras en la inacabable escalera de sentirse dios y mirar la imagen de su augusta persona, de su alteza serenísima, de su excelencia, de su ilustrísima.

Lo extraño de estos excesos es su vigencia. Cualquiera diría, son cosas del pasado, propias de países atrasados. Pero no es así.

Los aniversarios ya sean de cumpleaños en el mundo o aniversarios en el poder, llenan plazas, aunque la concurrencia --como sucede en el México de hoy-- se nutra de burócratas forzados. Asistencia con pase de lista a la puerta y advertencia de consecuencias indeseables en caso de ausencia o rebeldía. El magro cheque (nadie por encima de salario), es otra forma de tributo servil.

Protegido por la culta Francia cuyo desparecido esplendor napoleónico lo subyugaba, Jean-Bédel Bokassa , “tras gobernar como presidente durante casi once años, sorprendió al mundo al transformar la República Centroafricana en una monarquía y proclamar el Imperio Centroafricano (se sentía Iturbide), y autoproclamarse emperador Bokassa I.

“Su extravagante coronación tuvo lugar el 4 de diciembre de 1976. Fue un espectáculo delirante, alucinante, de proporciones colosales, en abierta emulación de la fastuosa de Napoleón Bonaparte, con un costo estimado en decenas de millones de dólares aproximadamente 60), una suma exorbitante para una de las naciones más pobres del mundo. Aunque oficialmente era un imperio, la realidad es que el país siguió siendo una dictadura militar de facto bajo su férreo control. Su diplomático internacional. Siempre fue percibido como un grotesco y farsante dictador coronado con diamantes y capas de armiño (SE)”.

Pero el ejemplo de Bokassa no se olvida.

En los Estados Unidos, país cuyo dominio planetario desde la segunda mitad del siglo XX --especialmente acusado con el derrumbe del bloque comunista-- nadie pone en duda hasta ahora, ha formado --por el contraste dialéctico--, una sociedad políticamente inculta y permisiva capaz de tolerar --y en algunos segmentos aplaudir--, el desmadrado festejo de cumpleaños del octogenario Donald Trump, un vulgar Bokassa blanco, cuyos mejores años (si alguna vez los tuvo), ya han pasado.

Trump convirtió la Casa Blanca, primero, en un congal de cortinajes dorados. Ahora en una arena de gladiadores patrocinados por la “Ultímate Fight Championship”. Cuatro mil personas dócilmente orgullosas por la extravagante invitación acudieron a la fiesta en Washington cuyo símbolo de fuerza ficha resulta fácil de entender: Trump, como dice el New York Times en una magistral crónica de Katie Rogers, es un hombre rejego ante el envejecimiento. Pero los años se le han acumulado y ahora, como le pasaba a Joe Biden, se queda dormido hasta en el básquetbol arrullado por el murmullo del abuchgeo en su contra.

Pero su arrogancia no merma. Al contrario, crece mientras el tiempo pasa indiferente a su capricho. Las manos llenas de moretes con pequeños derrames sanguíneos, la espalda encorvada, el oído duro, la tenacidad convertida en manía de anciano terco y necio.

“…para un presidente conocido por imponer su propia realidad en cada situación, Trump se enfrenta a un escrutinio sobre las consecuencias de su edad que se ha intensificado con cada año que pasa. Una encuesta de Reuters/Ipsos realizada en febrero reveló que casi seis de cada diez estadounidenses piensan que Trump se está volviendo cada vez más imprevisible.

“El lunes (8), Trump pareció dormitar durante un partido de los New York Knicks en el Madison Square Garden. Ese episodio provocó tanta especulación que James Dolan, un destacado aliado y propietario del equipo, se vio obligado a intervenir de manera pública, y afirmó que el presidente “estaba muy despierto”.

“El 4 de junio, durante una comparecencia de una hora en el Despacho Oval, Trump se inclinó hacia un lado en su silla y cerró los ojos durante unos segundos mientras Lee Zeldin, director de la Agencia de Protección Ambiental, hablaba sobre la importancia del carbón...”

Pero la crónica de AP sobre los faraónicos excesos del cumpleaños, cima de su excesiva autoestima y su enfermizo narcisismo resulta imperdible:

“…Trump llevaba semanas promocionando el acuerdo incipiente, y la continuación del conflicto amenazaba con eclipsar el ostentoso despliegue de artes marciales mixtas de la UFC, en el que los combatientes, encerrados dentro de un octágono de malla metálica, intentaban golpearse con puños y patadas, asestar tajos y aporrearse hasta someter al rival.

“Sin embargo, antes de que comenzaran las peleas, el presidente dijo que un acuerdo para poner fin al conflicto “ya está completo”. Declaró que Estados Unidos pondrá fin a su bloqueo de Irán y que el estrecho de Ormuz reabriría. Eso podría aliviar los altos precios del petróleo, aunque aún falta negociar los detalles cruciales durante las próximas semanas.

“Altos funcionarios del gobierno y líderes republicanos asistieron a las peleas, incluidos el secretario de Estado, Marco Rubio; el director del FBI, Kash Patel, y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson. También se vio en la Casa Blanca al presidente de Polonia, Karol Nawrocki.

Trump y el jefe de la UFC, Dana White, caminaron juntos desde el Despacho Oval hasta el balcón del Salón Azul para observar el octágono, y permanecieron de pie durante el himno nacional mientras aviones de combate rugían por encima.

“Miles de espectadores abarrotaron el recinto temporal bajo “The Claw” (“La Garra”), un arco metálico parecido a una nave espacial, equipado con iluminación, equipo de sonido y pantallas gigantes. Miles más lo vieron en pantallas grandes desde la cercana explanada del Ellipse.

“Este evento es un evento único, un evento increíble”, dijo Dana White, jefe de la UFC y amigo cercano del presidente, durante una sesión de promoción la noche del viernes en el Monumento a Lincoln, donde parejas de luchadores se empujaron y forcejearon para las cámaras bajo la mirada estoica de la figura de mármol del “Honesto Abe”.

“Antes de la pelea final del domingo, que llegó mucho después de la medianoche, los pesos ligeros Ilia Topuria y Justin Gaethje —quien se envolvió en una bandera estadounidense— salieron cada uno del Despacho Oval y caminaron hacia el octágono, lo que significó que Trump incluso cedió su espacio de trabajo como parte del espectáculo”.

La “oficina “Oral” de Clinton, convertida en vestuario del pancracio.

“Eso coronó una noche en la que muchos de los ganadores dieron las gracias a Trump y a Dios. El peso pesado Josh Hokit fue más allá con un ataque extraordinario, al añadir una teoría conspirativa infundada de la derecha sobre una ex primera dama: “Michelle Obama es un hombre. ¿Tengo razón, Estados Unidos? Hokit también se acercó a Trump y le colocó una cadena alrededor del cuello”.

“El presidente ha intentado vincular el evento del domingo —que incluía siete peleas que se extendieron más allá de la medianoche— con las celebraciones más amplias, de varios meses, por el 250º aniversario de la firma de la Declaración de Independencia.

“Pero estaba mucho más orientado a homenajearse a sí mismo, tanto que la cumbre del G7 de líderes de naciones industrializadas retrasó su reunión para que el presidente pudiera asistir a su fiesta de combates en jaula y luego volar a Europa para los encuentros”.

Este exceso corre paralelo al de 2025: un desfile con más de 6 mil soldados, con aviones y blindados por las calles, en homenaje de Trump a Trump.

“El próximo 14 de junio –informó Telemundo hace un año-- se realizará en Washington D.C. un desfile militar para conmemorar su 250 aniversario, que además coincide con el cumpleaños número 79 del presidente Donald Trump. El ejército estadunidense informó que los preparativos ya se están realizando, y el evento tendrá un costo de entre $25 y $45 millones de dólares.

“La agencia The Associated Press informó desde el 2 de mayo, que Donald Trump deseaba que se llevara a cabo un desfile militar, tras conversaciones con el Pentágono, vieron que el aniversario del ejército estaba a la par del onomástico del mandatario, e iniciaron los preparativos”.


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